El progreso económico y social del último siglo nos ha traído avances increíbles, pero ha estado ligado a una degradación ambiental que pone en peligro nuestra supervivencia; ya que nuestros modelos actuales de consumo están agotando y dañando los ecosistemas.
Aquí es donde entran los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una agenda global que funciona como un sistema interrelacionado: el crecimiento o avance en uno de ellos afecta positivamente a los demás.
Cuando hablamos del ODS 1, el objetivo oficial es "acabar con la pobreza en todas sus formas, en todas partes". La pobreza extrema no es solo un tema económico; incluye la falta de las necesidades humanas más básicas como alimentos, agua potable, saneamiento y derechos.
A esto se le suma el reto del ODS 2 (Hambre Cero). Aunque algunas regiones han avanzado, la desnutrición sigue siendo un obstáculo gigantesco para el desarrollo.
Se estima que más de 821 millones de personas han sufrido desnutrición crónica, muchas veces por culpa de la degradación ambiental, las sequías y la pérdida de biodiversidad.
Para lograr erradicar esto antes del 2030, necesitamos economías fuertes que produzcan empleos y buenos salarios.
También es vital implementar sistemas de producción de alimentos sostenibles y prácticas agrícolas resilientes que fortalezcan nuestra adaptación al cambio climático.
La buena salud es absolutamente esencial para el desarrollo sostenible. Sin embargo, la salud ambiental es un factor que solemos olvidar.
El panorama del agua es crítico. La mitad de la población mundial ya sufre una escasez de agua grave durante al menos un mes al año, debido a que la demanda ha superado el crecimiento demográfico. Tan solo en 2022, 2200 millones de personas continuaban sin agua potable gestionada de manera segura, y 3500 millones carecían de un saneamiento seguro.
No todo está perdido, pero necesitamos exigir acción. Miles de millones de personas no tendrán acceso a servicios básicos en 2030 a menos que cuadrupliquemos los avances actuales. Como miembros de la sociedad civil, tenemos un rol activo:
Debemos exigir a los gobiernos que rindan cuentas; que inviertan en investigación y desarrollo sobre el agua.
Es fundamental promover la inclusión de los jóvenes, las mujeres y las comunidades indígenas en la gestión de los recursos hídricos.
Puedes sumarte a la acción participando en campañas globales como el Día Mundial del Agua y el Día Mundial del Retrete, creadas para informar e incentivar medidas de higiene.
Gestionar recursos como el agua de forma sostenible no solo mejora la producción de alimentos y energía, sino que contribuye al crecimiento económico, preserva la biodiversidad acuática y es clave para luchar contra el cambio climático.
La Agenda 2030 no es un documento exclusivo para políticos o científicos; es literalmente nuestro manual de supervivencia; la clave está en entender que los ODS están interrelacionados, ya que el crecimiento en un objetivo puede afectar positivamente a los demás y viceversa.
Todos tenemos un compromiso global enorme: "no dejar a nadie atrás" y acelerar el progreso de las personas más rezagadas.
Si algo nos debe quedar claro, es que el cambio empieza cuando dejamos de ser espectadores; concienciar sobre la importancia de nuestras acciones y ponerlas en práctica es lo que dará lugar a resultados beneficiosos para absolutamente todos, garantizando una mayor sostenibilidad e integridad de nuestros sistemas humanos y ecológicos.
El desarrollo sostenible no se logra en silencio, el planeta ya nos está pasando factura. Hagamos que nuestra generación sea la que finalmente cambie las condiciones de vida.